25 August, 2019

Testimonio en Villa Carol Urzúa: «Es difícil dormir sin saber si tus vecinos siguen vivos»

El mensaje es anónimo y cuenta una emotiva historia

Testimonio AnonimoFoto Referencial: Unsplash.com

Cuando recién veníamos llegando de un campamento, esto se llamaba Villa Cordillera, todos teníamos conocimiento de que estas casas eran para los «Milicos» pero que no las aceptaron porque eran muy chicas.

El sueño de la casa propia, era algo que jamás sabíamos si podríamos cumplir porque eramos muy pobres, algunos vecinos hacíamos filas para comprar pan frío y con esa pobreza comprarse una casa era casi imposible.

Cada uno de los que veníamos del campamento, tuvo que hacer un esfuerzo para pagar lo que en ese entonces se pedía, creo que eran cerca de 10.000 pesos, pero en esos años era harta plata así que había que hacer sacrificios.

Cuando me dijeron lo que debíamos pagar, no sabía de donde sacar la plata porque trabajaba en casas de gente rica y el sueldo no era muy alto, así que con el dolor de mi alma tuve que vender mi cocina, claro que era a leña porque no alcanzaba para una a gas.

Cociné en el piso para poder pagar mi anhelada casa, chica o no, para nosotros era emocionante poder dormir bajo un techo y rodeados de murallas sólidas, no importaba si nos teníamos que apretar un poco.

Nos compartíamos la comida, los hijos de mis vecinos eran y son como hijos para mí, crecimos y formamos nuestras vidas en un entorno unido, esforzado y con grandes sueños, en ese entonces eramos felices.

Cuando mis vecinos comenzaron a vender droga nadie se metió, un error enorme considerando que lo primero sería ver cómo destruían sus propias vidas, aun no entiendo qué fue lo que nos detuvo para ir y encararlos, probablemente la inocencia de no poder evidenciar en qué se convertiría todo esto.

De a poco comenzaron a irse vecinos de toda la vida, otros se unieron al camino del tráfico de drogas y fueron llegando nuevas familias, todo esto en un entorno que caía lentamente frente a nuestros ojos.

Las balaceras en un principio eran aisladas, nuestros hijos y nietos podían jugar hasta tarde en las calles, porque las rivalidades entre bandas nunca fueron un problema, pero hoy… todo esto se almacena en recuerdos que están muy lejos de volver a ser una realidad.

Nos acostumbramos de a poco al sonido de los balazos, llegando incluso a poder diferenciarlos de un fuego artificial, para nosotros la población a veces «Está mala» y de apoco «Se pone buena», es como una montaña rusa.

Las últimas semanas «La Carol» ha estado mala, nos encontramos en el lugar más bajo de esa montaña, donde nos sentimos atados de manos, donde lloramos porque nos sentimos en un vacío, donde las drogas tienen el poder de intimidarnos.

Todos los esfuerzos que hicimos para conseguir nuestras casas parecen ser nada, estamos dispuestos a vender nuestras casas incluso por la mitad de lo que están avaluadas, queremos salir corriendo para dormir tranquilos.

Recuerdo que un día sentí escalofríos porque escuchaba las balas caer en mi techo, en ese entonces me acordé de mis vecinos que tienen una casa de segundo piso, me paralicé imaginando lo peor, esa noche francamente no pude dormir, primero que todo por el ruido que era estar como dentro de una guerra y segundo, porque era difícil dormir sin saber si todos tus vecinos estaban vivos.

Es difícil salir a la calle mirando a todos lados, escuchando como toda la gente te dice «Vende la casa y ándate», viendo restos de balas en el piso, es dificil hablar del tema sin que la voz te tiemble, es dificil poder hacer entender lo que cada uno de nosotros siente.

Queremos ayuda, queremos protección, queremos poder salir de nuestras casas para poder ver crecer a nuestros hijos y nietos en un entorno feliz, así como lo eramos hace algunos años.


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