Las últimas dos semanas, el mundo a demostrado que los humanos no somos tan poderosos como pensamos, a nivel planetario el COVID-19 conocido popularmente como Coronavirus ha logrado desestabilizar países enteros y cobrar más de siete mil vidas en solo dos semanas.

Es probable que esta enfermedad sea un punto de inflexión en la sociedad, puesto que durante los últimos años nos habíamos olvidado del término empatía y el individualismo se normalizaba, cada día resultaba común la desigualdad en todos los sentidos de la palabra entre nosotros, a nadie le interesaba por ejemplo, pasar por el lado de una persona en situación de calle, que se encontraba parapetada en el suelo y no saber si esa persona continuaba con vida.

Lo anterior pareció cambiar en unos meses, particularmente en pleno estallido social que comenzó en octubre de 2019, donde millones de chilenos y chilenas mostraron la verdadera unidad popular, producto de las evidentes desigualdades socioeconómicas que afectan al país en relación a salud, educación, viviendas, transporte y muchas otras necesidades básicas para sobrevivir pero ¿Qué pasa hoy en pleno brote de coronavirus?.

A nivel nacional se suspendieron todas las actividades académicas en colegios de educación básica y secundaria de manera obligatoria y con efecto inmediato, las instituciones de educación superior se han sumado a esta medida de manera voluntaria para resguardar la salud de sus alumnos y alumnas, sin embargo, a pesar de que muchas empresas han tomado la decisión de aplicar «Home Office», otros no han podido evitar que sus colaboradores asistan al trabajo presencial, donde en la mayoría de los casos se atiende público.

Lo anterior no debería ser un problema para los trabajadores si las personas no se acercaran a consumir productos o servicios, pero ¿Por qué no dejamos de hacerlo?, por días se han realizado campañas indicando derechamente que las medidas de cuarentena deben ser respetadas y que no representan una oportunidad para vacacionar o salir de compras pero pareciera que la sociedad está sorda.

El país debería demostrar que sigue unido, creo debemos ser responsables de cuidarnos a nosotros mismos por nuestro bienestar propio y para no exponer y/o contagiar al resto, esta es la oportunidad de ser empáticos, si las personas no se acercan a consumir no hay excusa para mantener abiertos los cines, restaurantes, etc. Hagamos este “favor” a todas las madres, padres, hermanos y hermanas, tíos y tías, abuelos y abuelas que quieren estar con sus familias para sentirse seguros.

Es importante que todos y todas entiendan que la medida de evitar contacto innecesario por 14 días fue tomada por seguridad, la lucha contra el COVID-19 debemos ganarla cuidándonos entre todos y todas.