Opinión: Un nuevo retoño, la convención constitucional

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En estos últimos años, hemos podido ser espectadores (y en ocasiones participes) de fechas realmente históricas para nuestro país, que más allá de nuestra posición política generarán cambios (no menores) para todos nosotros.

La primera fecha fue el 18 de octubre, la gran revuelta que muy difícilmente podremos olvidar y que para mí fue el proceso de esta nueva gestación, ya para el 2020 pudimos confirmar que vendría un bebé al que deberíamos vestir, alimentar y enseñar, todo esto después del gran referéndum del 25 de octubre donde se discutía si sería apruebo o rechazo.

Para el 16 de mayo pudimos ver su primera ecografía donde confirmamos cómo sería nuestro futuro bebé, el cual se caracterizó por ser paritario y diverso, juntando clases sociales y sectores políticos de todo tipo. Lo bueno de este proceso es que antes de su nacimiento ya habíamos estimado el presupuesto entorno a él, también diseñamos un buen hogar para su labor y hasta la cantidad de niñeras que necesitarían.   

Es así como nació nuestro nuevo hijo, el cual mantendremos por dos años según lo previsto, sin embargo, esta convención supone grandes dificultades para las demás estructuras del Estado (nuestros otros hijos),  ya que está convención esta compuesta con agentes de carácter fuerte y empoderado los cuales antes de oficializarse ya estaban causando conflictos con otros organismos del Estado, por ende, su gran obstáculo será el respeto por la soberanía de las instituciones y la separación de poderes. A pesar todo, los padres siempre desearán lo mejor para sus hijos, pero si los malcriamos nos arrepentiremos de no abortarlos.

Las opiniones vertidas en este artículo, no representan necesariamente el pensamiento de Somos Puente Alto ni de los sitios de la red Catch Media.

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